Evaluar los riesgos es una de las claves del éxito en el emprendimiento online.

Análisis de riesgos

El ámbito digital se ha convertido en un escenario atractivo para empresarios y emprendedores. Tanto para las empresas consolidadas como para aquellos que desean emprender con menos inversión y mayor seguridad. Pero el mundo online no está exento de riesgos. De riesgos económicos y financieros. Identificar estos riesgos, y saber anticiparse a ellos, es fundamental para que todo proyecto llegue a buen puerto.

Internet es el catalizador y, al mismo tiempo, la máxima expresión de la economía global en la que estamos inmersos. Una economía que ha derribado las barreras geográficas entre los países. Hoy sabemos que una pequeña empresa ubicada en cualquier ciudad de España puede efectuar ventas en otros países de Europa solo con habilitar una tienda online. O que un profesional puede prestar servicios para clientes localizados en el otro extremo del planeta trabajando sus contactos en foros y redes sociales como LinkedIn.

Montar un negocio en internet es más económico que hacerlo de manera física, como se ha hecho siempre. No tienes que alquilar un local y, muchas veces, ni tan siquiera tienes que preocuparte por el almacenamiento del stock. Pero si sale mal puede arruinarte. Como le sucedió a Pol, de Valencia, que creó una tienda online de zapatillas hace 10 años y todavía está pagando las deudas que le ocasionó.

Esto hace que evaluar los riesgos sea una de las primeras tareas que debemos hacer antes de emprender. Incluso, si vamos a operar en el mundo online

El análisis de riesgos.  

El análisis de riesgos financieros es una tarea que realizan todas las entidades bancarias y crediticias antes de conceder un préstamo a un cliente o evaluar una posible inversión. El blog de la pasarela de pago Stripe indica que este trabajo previo lo efectúan muchas empresas que no están relacionadas con el sector financiero y, en su opinión, lo deberían realizar todos los empresarios y emprendedores, con independencia del sector en el que operen.

Entre otras cosas, un análisis de riesgos financieros evalúa la probabilidad de impago o morosidad por parte de nuestros clientes, el efecto que puede tener sobre las cuentas de la empresa; la repercusión fiscal de las actividades y estrategias de las compañías; el impacto económico de la interrupción del suministro por parte de los proveedores, etc.

Es importante señalar que el análisis de riesgos no propone decisiones, solo recoge información. Información cuantitativa; en cuanto a porcentaje de probabilidad, dimensión económica del riesgo, cuantificación de las posibles pérdidas; e información cualitativa: categorizando el riesgo en función del efecto que tenga sobre la vida de la empresa (vital, importante, moderado) sobre su probabilidad (alta, media, baja) y sobre su origen: riesgo motivado por causas internas de la empresa como puede ser su modelo organizativo, o atribuido a factores externos como la volatilidad del mercado.

El análisis de riesgos sigue un método. El primer paso es identificar los posibles riesgos potenciales. A partir de ahí se recogen datos partiendo del histórico de la empresa y datos más globales que proporcionan organismos económicos como el Banco de España, las cámaras de comercio o los observatorios públicos de actividad comercial o industrial.

Todos estos datos se analizan siguiendo modelos estadísticos y matemáticos y se cuantifican a nivel cuantitativo y cualitativo. La información que arroja el análisis es un instrumento valioso en la toma de decisiones empresarial.

Los asesores de Crowe, una firma pública de contabilidad y consultoría, que presta servicios de asesoramiento fiscal y financiero a empresas y entidades públicas de más de 130 países, señalan que es imprescindible analizar los riesgos antes de tomar cualquier decisión empresarial. Una cuestión que parece obvia, pero que muchas veces se desprecia, o no se aplica con la rigurosidad que merece.

Consejos para minimizar los riesgos.

En su página web, el banco BBVA proporciona una serie de consejos para minimizar los riesgos financieros.

El primero de ellos es evaluar la rentabilidad de una inversión. El beneficio que nos va a proporcionar determina si vale la pena destinar nuestros recursos en esa inversión o no. Otro aspecto a considerar es el tiempo en el que se va a generar ese beneficio. Si es un beneficio a corto, medio o largo plazo. En el caso de que el beneficio se produzca a varios años vista, hay que valorar si la empresa tiene solidez económica para soportar la espera.

Es importante considerar todos los posibles escenarios en los que se puede ver inmersa la empresa con relación a esa inversión. Posibles periodos de falta de liquidez, en los que la empresa halle dificultades para hacer frente a los pagos, o cambios tecnológicos que requieran una inversión extra para actualizar los equipos.

Una regla de oro en el campo de las finanzas es el de diversificar la inversión. No jugárnoslo todo a una única carta. Lo que en términos coloquiales se suele decir como no tener todos los huevos en el mismo cesto. Esta estrategia reduce de manera considerable los riesgos. Ya que el impacto de una operación fallida es menor y, por otro lado, disponemos de otras opciones para hacer frente a las adversidades.

La recogida y análisis de datos es otra de nuestras herramientas valiosas. Toda inversión debe estar monitorizada. Recopilando en el menor tiempo posible todos los resultados cuantitativos de las operaciones económicas que estamos llevando a cabo. Todo debe quedar registrado. Tanto lo positivo, como lo negativo. Esto permitirá adelantarnos a los problemas antes de que aparezcan.

El seguimiento digital de datos. 

Si hay un punto donde la tecnología digital ha marcado un antes y un después es en la recogida automática y en el tratamiento de datos. Las herramientas digitales recogen los datos en tiempo real y los presentan en gráficos y porcentajes. Tecnologías avanzadas como Big Data manejan millones de datos de manera simultánea, elaborando una proyección y anticipando el desarrollo más probable de los acontecimientos. Buscadores de internet como Google, plataformas como YouTube o redes sociales como Instagram y Facebook funcionan con Big Data, como bien explica el blog de BBVA.

La contabilidad informática exprime al máximo los KPI (Key Performance Indicator), indicadores de desempeño. Índices de acciones intermedias que conducen a un objetivo. No son resultados. Pero es un dato interesante para detectar cuáles son los problemas o atasques que impiden alcanzar los objetivos. En una tienda online, un KPI es el número de visitas que recibe la página web. Otro KPI son los carritos de compra pendientes; es decir, los que no se han materializado en ventas.

Estos dos indicadores pueden señalar la razón por la que una tienda online no está generando las ventas esperadas. Puede ser porque recibe pocas visitas; por lo que habrá que invertir en publicidad o SEO para atraer más tráfico, o que los clientes no materializan las compras por falta de confianza en la empresa o porque ven los precios demasiado altos. Cuestiones que será necesario trabajar.

Esta recogida de datos facilita de manera considerable la toma de decisiones; pero, sobre todo, permite monitorizar al detalle el resultado de cualquier estrategia, desde el momento en el que se pone en marcha. Cualquier plan, por infalible que nos parezca, siempre requiere ajustes para adaptarse a la realidad.

Principales riesgos.  

Dependiendo del área o sector en el que opere una empresa, puede encontrar unos riesgos u otros. De todos modos, estos son algunos riesgos frecuentes en la gran mayoría de empresas y, sobre todo, en el ámbito digital.

  • Morosidad de clientes. Uno de los riesgos financieros más habituales es el retraso o impago de las facturas de los clientes. Cuando una empresa no cobra en los plazos previstos, puede tener dificultades para afrontar sus propios pagos. Por ejemplo, una pyme que factura 50.000 euros a un cliente importante y no recibe el pago durante varios meses puede verse obligada a recurrir a financiación externa para cubrir gastos tan corrientes como el pago de las nóminas.
  • Falta de liquidez. La liquidez es la capacidad de una empresa para disponer de efectivo suficiente para atender sus obligaciones a corto plazo. Una compañía puede ser rentable sobre el papel, pero tener problemas si los cobros llegan más tarde que los pagos. Por ejemplo, una empresa que debe pagar salarios, alquileres y suministros este mes, pero no cobrará varios proyectos hasta dentro de sesenta días, por lo que puede encontrarse en una situación financiera complicada.
  • Dependencia excesiva de pocos clientes. Concentrar una parte importante de la facturación en uno o dos clientes supone un riesgo significativo. Si alguno de ellos reduce sus pedidos, cambia de proveedor o atraviesa dificultades económicas, el impacto puede ser elevado. Por ejemplo, una empresa que obtiene el 60% de sus ingresos de un único cliente podría sufrir una caída brusca de ventas si este decide cancelar el contrato.
  • Incremento inesperado de costes. Las empresas están expuestas a subidas de precios en materias primas, energía, transporte o servicios esenciales. Cuando estos costes no pueden trasladarse al cliente final, los márgenes de beneficio se reducen. Por ejemplo, una empresa constructora que firma un contrato a precio cerrado puede ver disminuida considerablemente su rentabilidad si el coste de los materiales aumenta de forma repentina durante la ejecución del proyecto.
  • Endeudamiento excesivo. Recurrir a financiación puede ser necesario para crecer, pero un nivel elevado de deuda aumenta la vulnerabilidad de la empresa. Los pagos de préstamos e intereses pueden convertirse en una carga difícil de asumir si los ingresos disminuyen. Por ejemplo, una empresa que ha financiado una expansión mediante varios créditos puede encontrarse con problemas para devolverlos si las ventas no alcanzan los objetivos previstos en un principio.

El auge del entorno digital.

Vamos a entrar en concreto en el mundo digital. Internet es tan goloso, que algunas de las mayores empresas del momento operan en este ámbito. Son las conocidas como grandes empresas tecnológicas. La revista digital Mercado se refiere a ellas, centrándose en un servicio bastante concreto, el almacenamiento de datos en la nube. Un servicio que factura más de 200 mil millones de dólares al año.

El almacenamiento en la nube consiste en que los documentos y datos que generan empresas y particulares, en lugar de guardarse en la memoria del ordenador, se almacenan en los servidores de empresas externas. Sí, la nube no es algo etéreo. Son instalaciones físicas, con dispositivos mecánicos de memoria, propiedad, por lo general, de grandes empresas. Ocho operadores, controlan más del 80% del almacenamiento en la nube de todo el planeta.

A la cabeza del sector se encuentra Amazon Web Service, que acapara el 34% del mercado. Resulta curioso puesto que la imagen que tenemos de Amazon es la de un inmenso bazar digital de productos. Sin embargo, esta empresa estadounidense es una de las grandes empresas de servicios tecnológicos.

Microsoft controla el 21% del almacenamiento en la nube, principalmente a través de su servicio One Drive. La popularidad de este servicio se debe a que la mayoría de los ordenadores del planeta funcionan con el sistema operativo Windows.

El competidor más directo de Microsoft es Google, que emplea el servicio de almacenamiento Cloud, con el que controla el 10% del mercado.

Lejos de las  tres grandes empresas norteamericanas encontramos a los competidores chinos. Alibaba Cloud solo posee un 5% de la cuota de mercado a nivel mundial.

Modelos de negocio para emprendedores digitales.

Dejando a un lado a los gigantes de la tecnología, parece que internet también nos ofrece un hueco para que los pequeños emprendedores iniciemos proyectos que nos den rentabilidad económica.

Una de las opciones más recurrentes es la de abrir una tienda online. Sin embargo, los datos señalan que son la prestación de servicios a distancia; principalmente servicio B2B a empresas, y los trabajos de intermediarios, las actividades digitales que menos riesgos entrañan.

Para estos modelos de negocio no es necesario mantener un stock ni armar un entramado logístico para el transporte y distribución de pedidos. Pero tiene sus gastos, el primero de ellos es proporcionar un sueldo a la persona o personas que lo llevan y el segundo es el pago de impuestos.

Todo negocio online, por sencillo que parezca, requiere un análisis de riesgos.

 

 

 

 

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